viernes, 1 de diciembre de 2006

Ambiente de la entrevista a García Vizcaíno

La agencia, Sra. Rushmore, está en la octava planta del número 33 de Gran Vía. Nada más abrir se encuentra una joven secretaria y a la izquierda se puede ver una sala llena de papeles y una bandeja con Smacks, miel, unas tazas y varias botellas de alcohol negro. Enfrente se encuentra la sala de reuniones: un antiguo salón de dos puertas con techos altísimos. Las paredes están decoradas con papel, con un dibujo clásico en granate. Frente a las puertas hay tres enormes ventanales tapados por unas cortinas rojas muy gruesas y que llegan hasta el suelo. Del techo cuelgan tres lámparas semicirculares rojas, con un enorme bombillote, que tienen un aspecto de finales de los 70. La sala está presidida por un retrato de la imagen de la agencia, una simpática viejecita pelirroja, con pinta de anglosajona. Justo al lado de la imagen hay una televisión, con un dvd y un aparato del canal satélite.
Miguel García Vizcaíno es joven, lleva coleta y una tupida barba que no se le junta con las patillas por capricho de la naturaleza. Viste vaqueros, una camisa sin botones, rollo post-hippie. En la muñeca izquierda luce un enorme reloj, con una generosa esfera, unida a una correa de cuero muy ancha, de entre 5 y 10 centímetros. En ambas manos lleva pulseritas finas, la mayoría hechas con cuero, aunque destaca una hecha con hilos, probablemente tejida por su hija pequeña.

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