Haciendo esquina con la Calle de la Reina está la empresa de asesoría tecnológica de García Matilla. Quedamos a las once, el viernes pasado. Es un edificio de oficinas antiguo aunque reformado. Al subir a la sexta planta te recibe una secretaria: vienes a ver a Eduardo, ¿verdad? Me acompaña a una sala que está al lado contrario (si esto era el 6ºB, vamos como al 6ºA, pasando de nuevo frente a los ascensores.
La sala es cuadrada, la luz está apagada y va a permanecer así. Una mesa de reuniones octogonal con sillas para diez personas deja poco espacio libre. Las paredes están desnudas y hay un proyector de vídeo en el techo y una pizarra de estas de caballete, como las que hay en el Máster. Una ventana ilumina la estancia, aunque está nublado y no entra precisamente mucha luz.
Eduardo entra sonriente, trajeado y encorbatado. Lo primero que me dijo cuando hablé con él por teléfono fue: “Si empiezas llamándome de usted, ya empezamos mal”. Así que le tuteo. A cada pregunta responde con todo un discurso de diez minutos. Dice que las agencias de publicidad y las de medios van muy por detrás de los avances tecnológicos, que son muy lentas al adaptarse a ellos, que son reacias a cualquier cambio... “En realidad son muy reaccionarias, tratan de utilizar las fórmulas que les han funcionado hasta ahora y sólo se adaptan a las nuevas tecnologías cuando no les queda más remedio (...) Somos empresas pequeñas, como esta, de 29 trabajadores, las que tenemos que ir abriendo camino”.
Al final me da un abrazo muy fuerte para Carlos y para Macu y me dice que somos nosotros los que tenemos que buscar nuevas formas de expresión en los medios. Aunque me dice que cuando entre en la Ser o en El País entre “hablando de usted”, observando y sin querer hacer revoluciones, que ya habrá tiempo. Me despido: “Empezaste llamándome de usted y acabas igual, te he debido dar la impresión de ser un señor muy mayor”. Para nada, pero sí, un señor.
miércoles, 6 de diciembre de 2006
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